miércoles, 3 de junio de 2015
ESCUELA DE FAMILIAS - EDUCAR EN ASERTIVIDAD
Educar
en la asertividad
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Hemos
tenido ocasión de consultar muchos artículos
y manuales sobre el tema de la asertividad (Ver: "Entrenamiento
asertivo"). Es verdad que en la sociedad actual con
tantas rivalidades y tensiones interpersonales nos vemos obligados
a poner en juego, cada vez más, las técnicas
de asertividad que conocemos a través de nuestras lecturas
o cursos que hayamos podido hacer.
Pero
estos conocimientos sobre las actitudes asertivas hay que
transmitirlas y en el caso de los padres, deben saber enseñar
a sus hijos a ser asertivos.
Qué
es la asertividad
En
primer lugar debemos recordar el concepto de asertividad.
OLGA CASTANYER, en su libro "La asertividad: expresiónde
una sana autoestima" [Ed. Desclée de Brouwer,
6ª edición, 1997], lo define de forma sencilla
como la capacidad de autoafirmar los propios derechos, sin
dejarse manipular y sin manipular a los demás. La persona
asertiva conoce sus propios derechos y los defiende, respeta
a los demás, por lo que no piensa ganar en una disputa
o conflicto sino que busca de forma positiva los acuerdos.
En
pocas palabras podemos decir que la persona asertiva:
Una
vez que hemos recordado estas premisas nos toca ahora ver
cómo hacemos para trasladar estos conocimientos a los
hijos que como sabemos, están en formación y
requieren nuestra atención y cuidados.
Sabemos
que nuestros defectos y virtudes son fruto de las experiencias
y mensajes que en su día nos transmitieron los mayores
que nos rodeaban y ahora somos nosotros quienes tenemos la
responsabilidad, la obligación de influir en los más
pequeños y educarlos según los patrones de conducta
más adecuados y entre ellos está el de ser asertivos.
La asertividad se aprende, no es innata. Se aprende con la
práctica y debemos reconocer que es una obligación
moral enseñarles a saber estar y comportarse tanto
con los iguales como con los adultos.Principios básicos para aprender a ser asertivos
Para
llegar a conseguir este fin de transmitir al niño la
conducta asertiva debemos tener en cuenta unos PRINCIPIOS
BÁSICOS de los que debemos destacar el ambiente que
rodea al individuo. El ambiente influye en la autoestima de
tal forma que un niño que
Según lo que acabamos de decir, existen unas ACTITUDES
GENERALES a tener en cuenta para educar en la asertividad
y que además influyen en la construcción
1. Atención a las proyecciones: los adultos
tendemos a proyectar nuestros propios temores y experiencias
negativas en los hijos. Protegemos a los niños cuando
anteriormente hemos sufrido burlas y los hacemos desconfiados.
Esta actitud la transmite el padre con sus actitudes, sus
comentarios... (cuando estamos continuamente pendientes de
lo que los demás dicen de nosotros...) A cambio, lo
que debemos hacer es aceptar al niño con sus ideas
y actitudes y dejarle tener las experiencias. El papel del
adulto en este caso es transmitir al niño su opinión
si éste la pide y únicamente limitarnos (mientras
esto no ocurra) a aconsejar o contar nuestras propias experiencias
huyendo de los planteamientos categóricos y del establecimiento
de reglas.
2. No confundir un error puntual con una característica
de la personalidad. Debemos cuidar los mensajes que dirigimos
a los niños y la forma de hacerlo. Un niño que
de forma reiterada recibe el mensaje de que es malo, termina
asumiendo ese rol, creyendo que realmente es malo porque además
recibe el mensaje de alguien en quien confía que puede
ser su madre, su padre o su maestro.
3.
Las expectativas hacia los niños deben ser razonables
y adecuadas a su nivel y edad. A cada nivel madurativo
le corresponden unas pautas de conducta. El problema para
los niños se presenta cuando se les exigen cosas para
las que todavía no se encuentran preparados (determinadas
responsabilidades...)
Cuando vemos que el niño no es asertivo...
Tanto
en la escuela como en casa podemos intervenir para ayudarle
salvando las diferencias del medio y los factores que pueden
influir. La asertividad se puede enseñar de forma indirecta
(se trata de todo lo que podemos influir en el niño
sin que él se dé cuenta) o directa (con técnicas
concretas).
Para
empezar con las formas indirectas debemos, en primer
lugar, describir objetivamente el "problema" que
presenta el niño y una forma sencilla es la de escucharle,
dedicarle tiempo para descubrirlo, ser empáticos (ponernos
en su lugar y ver el problema desde su punto de vista. Cuando
el niño no toma la iniciativa a contarnos cómo
se encuentra, qué le pasa, debemos ser nosotros los
que demos el primer paso pero para ello es fundamental (como
decíamos antes) encontrar ese tiempo que muchas veces
no encontramos o no queremos encontrar. En realidad se trata
de ser empáticos con el niño, es decir, ponernos
en su lugar y ver el problema desde su punto de vista. Por
otro lado, en este proceso de ser más asertivos, debemos
hacerles conscientes de algo que suele pasar desapercibido
y son los "derechos". Es a través de las
conversaciones diarias, comentando noticias… como podemos
introducir el tema de los derechos y así el niño
irá incorporando a sus conocimientos el de la existencia
de unos derechos que él tiene que respetar, pero que
también han de respetarse en él.
Pasemos
ahora a analizar las formas directas que tenemos a
nuestro alcance para enseñar en la asertividad. En
numerosas ocasiones el individuo conoce su dificultad para
afrontar un problema de relación con los demás
aunque sí es consciente de que ese problema existe.
Es decir, sabe qué debe hacer pero no sabe cómo
hacerlo. Para superar esa situación es necesario que
los adultos guiemos su comportamiento, analicemos con él
la situación que lleva a que el niño se sienta
incómodo, los antecedentes que la caracterizan y las
consecuencias que siguen. En definitiva, debemos formar "equipo"
con él. Lo primero que hay que transmitir es seguridad,
confianza en que el problema tiene solución y los adultos
tienen que ser los primeros en creérselo. Esto que
decimos tiene especial importancia en casos como el de los
niños que se sienten acosados por algún compañero
de clase y no sabe cómo afrontar el problema. Las consecuencias
son que el niño está agobiado, angustiado, este
estado emocional influye de manera negativa en su estado anímico
y por supuesto en su rendimiento académico. En un caso
similar, el adulto (padre, madre...) debe estar al lado del
niño y ayudarle, analizando por qué se produce
este acoso y cuál debe ser la respuesta del niño.
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martes, 2 de junio de 2015
lunes, 1 de junio de 2015
ESCUELA DE FAMILIAS - EL PAPEL DE LOS ABUELOS
El
papel de los abuelos en la familia actual
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La
integración de los abuelos a la vida familiar suele
tener un papel diferente al de los padres. Hay muchos casos
en los que los abuelos sustituyen “abusivamente”
a los padres haciendo de “canguros”. Para los
padres “sale más económico y los hijos
estarán bien cuidados”. Para los abuelos, las
ganas de quedar bien y el miedo a que “si no se hacen
cargo de los nietos después no se los dejarán
ver”.
Una de las principales preocupaciones de los padres es dejar a sus hijos bien cuidados cuando ellos se van al trabajo o faltan de casa. Se puede elegir una guardería, un canguro o incluso los abuelos. La decisión ha de ser tomada con cautela y seguridad. La psicóloga clínica Lourdes Mantilla Fernández en su artículo “Mamás que trabajan” nos invita a plantearnos las siguientes cuestiones que ayudan a tomar una decisión más acertada: Los padres deben transmitir a los hijos una buena y sana estima por los abuelos, no percibir su relación como meros ayudantes sino como elementos insustituibles en el proceso de formación de los niños, merecedores de respeto y amor, y olvidando el lema de que las personas valen en la medida en que son “utilizables”. La convivencia con los abuelos habría que plantearla como un hecho positivo y entusiasmador, como forma de dar afecto a unas personas que lo necesitan, pero no como un acto de compasión. Debemos asumir también que la relación con los abuelos puede ser difícil. En la vida hay algunos aspectos ásperos que se ponen más de manifiesto en la vejez y saber admitirlo es una manera de aceptar la realidad y prepararse para vivirla. Los abuelos nos acercan al sufrimiento y a la vez la posibilidad de no dramatizarlo. Según el psiquiatra Joan Corbella “una contingencia cada vez menos valorada educativamente es la necesidad de dar a los hijos mecanismos para aprender a tolerar frustraciones y a darse cuenta de que, en el transcurso de la vida, se encontrarán con gran cantidad de imponderables que ellos no podrán controlar y que deberán aceptar. Entre una actitud paterna que querría evitar a sus hijos todo tipo de sufrimientos y otra que pretende programar algunas frustraciones para que el niño vaya aprendiendo a tolerarlas, acontecen a lo largo de una vida, y entre ellas, las enfermedades y defunciones de las personas queridas pueden ser de un valor incomparable”. Pero aparte de estos aspectos debemos considerar que el papel de los abuelos en nuestra sociedad actual puede generar “celos” en los padres de que les quieran más que a ellos, o que les eduquen a su manera, o que se “entrometan” en sus vidas. En nuestra cultura de familias compuestas sólo de padres e hijos cada nueva generación busca sus propios valores de manera solitaria. Sin la experiencia y fuente de valores culturales que aportarían los abuelos, las familias jóvenes pueden sentirse ansiosas e inseguras. A veces dejar al niño con un pariente cercano puede generar tensiones, en cambio curiosamente con algún extraño es más fácil de llevar. Este efecto se produce por el tema anteriormente tratado de los “celos” y es más frecuente en las abuelas. Sin embargo, los abuelos son ajenos al conflicto edípico inmediato, no tienen necesidad de ser autoritarios, pueden ser indulgentes y afables. Conviene que las dos generaciones se pongan de acuerdo respecto a las pautas fundamentales. En el caso de las abuelas son muchas las que buscan la manera de ser importantes para sus nietos y útiles a sus propios hijos. Aquí tenemos algunas formas adecuadas de empezar:
En general, podemos afirmar que los abuelos (tanto hombres como mujeres) son un testimonio de las diferencias generacionales, pero aunque ya hemos hablado de su importancia en el proceso de maduración de los niños, también debemos mencionar que hay veces que esta posibilidad se ve limitada por la actitud de los propios abuelos. Hay personas mayores que no aceptan su condición y luchan contra el tiempo. Hay abuelos rígidos y gruñones que quieren enseñar riñendo y criticando la conducta de los nietos. Hay abuelos que no se dejan querer provocando conflictos y tensiones. En resumen, hay mayores que con su actitud favorecen su marginación, pero en cualquier caso, s Ser viejo es una realidad, no un derecho que permite manipular a los otros, del mismo modo que los jóvenes no tienen derecho a manipular a los viejos. Los abuelos jubilados pueden dar al hijo un testimonio de relativización que todos necesitamos para trascender a lo que se hace. El ejemplo de quién es, más allá de sus actos y rendimiento, ayuda a valorar a la persona como tal, hecho que no es fácil encontrar en el contexto de valores que se pretende inculcar actualmente a los niños y a los jóvenes. En resumen y como conclusión debemos quedarnos con estas ideas importantes: 1. Los abuelos de hoy día han cambiado. Es verdad que están más dispuestos a ayudar a los hijos para cuidar a los nietos pero también reclaman una libertad y autonomía que hasta la fecha les ha faltado y el bienestar de la sociedad actual les proporciona. 2. La relación y el contacto con los abuelos siguen siendo muy enriquecedoras para los niños. 3. Los abuelos representan la memoria histórica y los orígenes de la familia. 4. Los abuelos transmiten el testimonio de otras épocas, la continuidad generacional, la pertenencia a un árbol familiar, aspectos fundamentales para el desarrollo psicológico de los niños. 5. Contar con la ayuda y participación de los abuelos en la educación de los hijos aporta ventajas a todos: 6. Los abuelos suponen un complemento a la educación que los hijos reciben de sus padres. |
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