lunes, 1 de junio de 2015

ESCUELA DE FAMILIAS - EL PAPEL DE LOS ABUELOS

El papel de los abuelos en la familia actual
La integración de los abuelos a la vida familiar suele tener un papel diferente al de los padres. Hay muchos casos en los que los abuelos sustituyen “abusivamente” a los padres haciendo de “canguros”. Para los padres “sale más económico y los hijos estarán bien cuidados”. Para los abuelos, las ganas de quedar bien y el miedo a que “si no se hacen cargo de los nietos después no se los dejarán ver”.

    Una de las principales preocupaciones de los padres es dejar a sus hijos bien cuidados cuando ellos se van al trabajo o faltan de casa. Se puede elegir una guardería, un canguro o incluso los abuelos. La decisión ha de ser tomada con cautela y seguridad. La psicóloga clínica Lourdes Mantilla Fernández en su artículo “Mamás que trabajan” nos invita a plantearnos las siguientes cuestiones que ayudan a tomar una decisión más acertada:
Hay que realizar una introducción progresiva de esa nueva persona (familiar, canguro, etcétera) o institución (guardería, escuela…) en la vida del niño.
Hay que mostrar una total confianza hacia esa elección para que, tanto el niño como la madre, estén absolutamente tranquilos.
Si es posible, conviene mantener los mismos hábitos que se seguían hasta que se ha producido el cambio: horarios, comidas, tiempo de parque...

    Los padres deben transmitir a los hijos una buena y sana estima por los abuelos, no percibir su relación como meros ayudantes sino como elementos insustituibles en el proceso de formación de los niños, merecedores de respeto y amor, y olvidando el lema de que las personas valen en la medida en que son “utilizables”.

   La convivencia con los abuelos habría que plantearla como un hecho positivo y entusiasmador, como forma de dar afecto a unas personas que lo necesitan, pero no como un acto de compasión.

Todos los padres que han tenido que recurrir a dejar los hijos con los abuelos o alguna otra fórmula (guardería, canguro, etc.), han sentido una sensación de culpabilidad y descontento por no dedicar todo el tiempo que quisieran a los hijos y porque quieren controlar lo más posible el desarrollo de los chicos. La realidad y la experiencia hace caer en la cuenta de que es imposible llevar un control absoluto tanto del trabajo como de los hijos, la pareja, la casa, los amigos, etc. Por eso es necesario aliviar responsabilidades y evitar tensiones para sentirnos mejor. Para conseguirlo desde el principio y antes de que aparezcan estos sentimientos y las posibles frustraciones es importante:

Dejar de lado la idea de superwoman o superman: nadie puede ser una madre o padre ejemplar, una esposa o esposo ideal y un excelente trabajador.
Si los padres se tienen que ausentar del hogar por razones de trabajo han de permitirse dejar en manos de personas de confianza el cuidado de sus hijos.
Antes que unos padres frustrados, tensos o deprimidos, los hijos necesitan de unos padres afectuosos e interesados por su desarrollo.
Abandonar el sentimiento de culpabilidad: en el contacto con nuestros hijos se cumple una vez más el principio de que no es tan importante la cantidad de tiempo que pasemos con ellos, como la calidad del mismo.

  Debemos asumir también que la relación con los abuelos puede ser difícil. En la vida hay algunos aspectos ásperos que se ponen más de manifiesto en la vejez y saber admitirlo es una manera de aceptar la realidad y prepararse para vivirla. Los abuelos nos acercan al sufrimiento y a la vez la posibilidad de no dramatizarlo.

   Según el psiquiatra Joan Corbella “una contingencia cada vez menos valorada educativamente es la necesidad de dar a los hijos mecanismos para aprender a tolerar frustraciones y a darse cuenta de que, en el transcurso de la vida, se encontrarán con gran cantidad de imponderables que ellos no podrán controlar y que deberán aceptar. Entre una actitud paterna que querría evitar a sus hijos todo tipo de sufrimientos y otra que pretende programar algunas frustraciones para que el niño vaya aprendiendo a tolerarlas, acontecen a lo largo de una vida, y entre ellas, las enfermedades y defunciones de las personas queridas pueden ser de un valor incomparable”.

   Pero aparte de estos aspectos debemos considerar que el papel de los abuelos en nuestra sociedad actual puede generar “celos” en los padres de que les quieran más que a ellos, o que les eduquen a su manera, o que se “entrometan” en sus vidas.

    Estos son temores comprensibles cuando son los abuelos quienes pasan más tiempo con los niños, debido a los horarios y obligaciones profesionales de los padres. Hay ocasiones en que se produce una "competitividad" entre abuelos y padres. Estos últimos se hacen preguntas del tipo: ¿habrá comido lo suficiente?, ¿se echó la siesta a su hora?, ¿nos echó de menos?, etc.


  En nuestra cultura de familias compuestas sólo de padres e hijos cada nueva generación busca sus propios valores de manera solitaria. Sin la experiencia y fuente de valores culturales que aportarían los abuelos, las familias jóvenes pueden sentirse ansiosas e inseguras. A veces dejar al niño con un pariente cercano puede generar tensiones, en cambio curiosamente con algún extraño es más fácil de llevar. Este efecto se produce por el tema anteriormente tratado de los “celos” y es más frecuente en las abuelas. Sin embargo, los abuelos son ajenos al conflicto edípico inmediato, no tienen necesidad de ser autoritarios, pueden ser indulgentes y afables.

   Conviene que las dos generaciones se pongan de acuerdo respecto a las pautas fundamentales. En el caso de las abuelas son muchas las que buscan la manera de ser importantes para sus nietos y útiles a sus propios hijos. Aquí tenemos algunas formas adecuadas de empezar:


a) Defienda la preeminencia de su papel: consiga que su papel merezca la confianza de los padres y la aprobación del niño. Así resultará útil a ambas generaciones.

b) Ofrézcase para atender a los niños regularmente y cuando lo necesiten. Puede hacerse cargo de los niños para que no vayan a la guardería o en otro caso, atenderlos los domingos después del almuerzo o los sábados por la noche. Los padres se lo agradecerán.

c) Busque el pretexto y la forma de organizar reuniones los días festivos. Los recuerdos de los gratos momentos de contacto con la familia serán perdurables. Desoiga las objeciones e inconvenientes de sus hijos y diga “os esperamos”.

d) No halague a sus nietos sólo en las reuniones familiares. Regáleles algún juguete aunque no sean fechas clave (navidad, etc.) Lléveselos al parque, al cine. Busque tiempo para hablar con cada uno de ellos. Hábleles de sus padres cuando tenían su edad.

e) Nunca les diga a sus hijos cómo deben proceder en presencia de sus nietos.

f) Sea un remanso de paz y estabilidad para ambas generaciones. Esto significa que a veces debe mantener la boca cerrada. Deje que recurran a usted y prodíguese en dar consuelo, experiencia y amor familiar, para así proporcionar estabilidad a todos los miembros de la familia.

g) No importune a los pequeños, para evitar que le rehuyan.

h) Y si vive lejos, manténgase en contacto: llame por teléfono, haga visitas regularmente por cortos periodos, manténgase al corriente de los gustos de cada uno de sus nietos, etc.

   En general, podemos afirmar que los abuelos (tanto hombres como mujeres) son un testimonio de las diferencias generacionales, pero aunque ya hemos hablado de su importancia en el proceso de maduración de los niños, también debemos mencionar que hay veces que esta posibilidad se ve limitada por la actitud de los propios abuelos.

   Hay personas mayores que no aceptan su condición y luchan contra el tiempo. Hay abuelos rígidos y gruñones que quieren enseñar riñendo y criticando la conducta de los nietos. Hay abuelos que no se dejan querer provocando conflictos y tensiones. En resumen, hay mayores que con su actitud favorecen su marginación, pero en cualquier caso, siempre resulta aconsejable esforzarse al máximo tanto de una parte como de la otra. Los abuelos deben hacer un esfuerzo por integrarse en la vida familiar de los hijos y nietos.



   Ser viejo es una realidad, no un derecho que permite manipular a los otros, del mismo modo que los jóvenes no tienen derecho a manipular a los viejos. Los abuelos jubilados pueden dar al hijo un testimonio de relativización que todos necesitamos para trascender a lo que se hace. El ejemplo de quién es, más allá de sus actos y rendimiento, ayuda a valorar a la persona como tal, hecho que no es fácil encontrar en el contexto de valores que se pretende inculcar actualmente a los niños y a los jóvenes.


   En resumen y como conclusión debemos quedarnos con estas ideas importantes:

1. Los abuelos de hoy día han cambiado. Es verdad que están más dispuestos a ayudar a los hijos para cuidar a los nietos pero también reclaman una libertad y autonomía que hasta la fecha les ha faltado y el bienestar de la sociedad actual les proporciona.
2. La relación y el contacto con los abuelos siguen siendo muy enriquecedoras para los niños.
3. Los abuelos representan la memoria histórica y los orígenes de la familia.
4. Los abuelos transmiten el testimonio de otras épocas, la continuidad generacional, la pertenencia a un árbol familiar, aspectos fundamentales para el desarrollo psicológico de los niños.
5. Contar con la ayuda y participación de los abuelos en la educación de los hijos aporta ventajas a todos:
los abuelos se sienten más útiles y valorados,
los padres más tranquilos y,
los nietos encantados.
6. Los abuelos suponen un complemento a la educación que los hijos reciben de sus padres.

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